Banega junto a Berizzo

Ever Banega tocó techo en el Sevilla cuando dominó aquella última final contra el Liverpool de Jürgen Klopp que significó la tercera UEFA Europa League consecutiva para los entonces dirigidos por Unai Emery. Fue el broche de oro a una campaña excepcional, en la que el centrocampista argentino, consolidado como mediapunta de un sistema no precisamente orientado a aglutinar posesión de balón, condicionó los partidos más importantes con la jerarquía que destilan los mejores. Ello le abrió la puerta del volátil Inter de Milan, y ahora, tras apenas 12 meses de ausencia, retorna a la capital andaluza para integrarse en un proyecto muy diferente al que lideró.
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Unai Emery se marchó, llegó Jorge Sampaoli para cambiar la hoja de estilo y, después de su ida a la albiceleste, se le ha asignado a Eduardo Berizzo la misión de desarrollarlo. Si con el hoy técnico del Paris Saint-Germain, Banega asumió la tarea de dar fases de control en un sistema y un equipo en el que el resto pensaba en vertical -o sea, era el contrapunto-, el Toto le pedirá que ejerza de epicentro e impulsor de su plan. Va a dotarle de más recursos, va a rodearle de más compañeros con su gusto por el pase y la pelota, va a mimarle de un modo más tangible. Pero también le expondrá a una dinámica que podría eliminar su comodidad: el sistema de marcas al hombre.

El Toto es un entrenador bielsista marcado por dos patrones: quiere que sus conjuntos lleven el peso de los partidos desde la posesión y plantea un sistema defensivo basado en los marcajes individuales. Esto último, además, lo hace de manera radical, con persecuciones a todo campo tanto a lo ancho como a lo largo. Dicha práctica se hace sentir en el juego en forma de ritmo altísimo, ya que los fallos se sucedan, la posesión cambia de dueño con más premura y el ida y vuelta se apodera del guion, algo que podría atentar contra el reposado fútbol de Banega y que no ocurría en los tiempos de Unai Emery, ya que, con su defensa posicional replegada y, a menudo, contemplativa, conseguía un control que al argentino le iba de cine.

El penúltimo mediapunta exitoso de Berizzo, que sí logró conjuntar el ritmo alto desatado por la presión y las marcas individuales con la pausa de su sello, fue Orellana, pero el chileno atesoraba una virtud que no forma parte del repertorio de Banega: el movimiento sin balón y, más concretamente, entre líneas. Algo que, además, no es una de esas bondades que un futbolista suma con la edad. Más bien, al revés.
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Justo ahí reside el motivo por el que Ever podría comenzar una etapa en el Sánchez Pizjuán que le exija triunfar de otra manera e incluso, quizá, desde otra posición. En caso de que el incremento en el ritmo le dificulte hacer su juego en la mediapunta, cabría la posibilidad de que Berizzo le posicionase en el otro lugar donde se ha desenvuelto tantas veces, la base de la jugada, desde la cual estaría habilitado para dirigir la posesión del Sevilla FC con un extra de tiempo y espacio que le libraría de la necesidad de desmarcarse todo el tiempo. Igual ha llegado el momento de que Banega domine el fútbol español como se esperaba cuando arribó hace nueve años.