El Manchester City 17/18

Pep Guardiola afronta su segunda campaña al frente del Manchester City y no quiere que los resultados se parezcan a los que cosechó durante la primera. Sin embargo, los recursos de los que dispone no parecen demasiado superiores a aquellos de los que ya gozaba. Más allá de la total adaptación de Gabriel Jesus, que supondrá una segunda vía goleadora natural, el resto de bondades permanecen muy en la línea de lo que no le permitió -y a lo que no permitió- competir por la Premier ni pasar de Octavos en la Champions. Y sabe que para que el cuento no se repita, el primero que debe cambiar algo… es él.
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A nivel estructural, las principales novedades residen en los roles otorgados a David Silva y Kevin De Bruyne. El Manchester City más prometedor del año pasado fue justo el del principio, y en ese destacaba que el español y el belga, los dos pasadores más creativos, eran los interiores del sistema. En realidad ambos responden más al perfil de mediapunta que al de interior, y sobre todo en labores defensivos dejaron a deber, tanto que, pasado un tiempo, Guardiola tiró de ajustes para reforzar la medular y Kevin y David pasaron a jugar más arriba. Pero así, desapareció del ADN del equipo el sello estilístico del entrenador catalán. Por eso está intentando recuperar a los dos para su centro del campo.
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En lo referente al ex del Valencia, el gran cambio reside en que se le ha devuelto a su escalón de toda la vida: el entrelineas. Por su nacionalidad, por su creatividad y por su capacidad de liderazgo, Silva fue quien asumió esas funciones que en los anteriores proyectos de Guardiola habían desempeñando Xavi, Kroos y Xabi Alonso. Pero por más que se le presuman condiciones para ejercer de esa guisa, no se trata de un especialista. Y el coste de oportunidad por ponerlo abajo, además, era alto: el Manchester City perdía a su único jugador capaz de pausar el juego y provocar control a la espalda de los pivotes del adversario. Ahora, Silva ha vuelto a su zona y está marcando la diferencia. No sólo por su recobrado instinto para el último pase (lleva seis en ocho partidos de Premier League), sino también porque está permitiendo al conjunto skyblue pararse a una altura donde antes no podía. Traducción: el Manchester City está dándose tiempo para juntar a sus futbolistas allá donde conviene presionar para dominar la segunda jugada, sufrir menos al contragolpe y gozar de mayor claridad ofensiva. Eso significa equilibrio
No obstante, el pivote Fernandinho no atesora las características suficientes para administrar por sí mismo, o junto a los centrales, la salida de balón al completo; requiere de una ayuda cuya autoría está recayendo sobre la pieza sacrificada en el puzzle de Guardiola: Kevin De Bruyne. Es el dotadísimo jugador belga quien, pese a ser quizá el atacante más resolutivo de la plantilla, está desgastándose en lo físico para bajar a recibir y juntar lo del principio con lo del final. Su despliegue está siendo formidable y lo más destacado estriba en que no le está costando ni precisión ni determinación. El año pasado produjo 24 goles en 36 partidos de Premier y ahora suma 8 en 10. Es decir, la media incluso ha subido. El salto de calidad de De Bruyne no resalta a la vista tanto como podría, pues sus extras son más oscuros que luminosos, pero al Manchester City le está haciendo un avío prácticamente imprescindible.